Ni tardo ni perezoso, el ex-Presidente Salinas de Gortari respondió el domingo 27 de septiembre del 2009 durante su estancia en Veracruz manifestando estar muy sorprendido por los pronunciamientos de Javier Corral en contra suya, declarando ante el periódico MILENIO el mismo día: “Pues sí me extrañan un poco estas expresiones de Javier Corral, porque en las varias ocasiones en que solicitó visitarme en mi domicilio, que fue en años recientes y no cuando era yo presidente sino después, él acudía a mi domicilio y pedía apoyo”.
Dando seguimiento a la batalla de dimes y diretes, Javier Corral intentó desligarse de la respuesta dada por Carlos Salinas de Gortari respondiendo a los medios de comunicación al día siguiente (28 de septiembre del 2009): “De entrada
niego categóricamente haberle pedido apoyo o favor alguno (a Carlos Salinas de Gortari),
nunca he tratado asuntos personales con él, ni con ningún presidente o ex presidente de la República”. Esto lo dijo el deslenguado diputado panista Javier Corral Jurado en entrevista con Miguel ángel Granados Chapa en su programa matutino Plaza Pública de Radio UNAM. En esta entrevista Corral Jurado dijo que, de entrada, “nunca he pedido apoyo alguno al licenciado Salinas porque nunca he tratado con él asuntos de carácter ni personal ni partidista”. Sin embargo, ya bajo la presión propia que ejerce un periodista de renombre, Corral Jurado indicó que “efectivamente yo he visto al licenciado Salinas en tres ocasiones, del 2001 al 2003 y nunca las he solicitado yo (¿?),
siempre me ha pedido él verme”. (¿?)
El primer encuentro,
dijo, se produjo por intermediación del comandante Fidel Castro Ruz “que me transmitió una petición del (Presidente) licenciado Salinas para verme estando yo en La Habana, cosa a la que accedí. (¿?) Nunca he pedido apoyo alguno ni me ha sido ofrecido porque yo no trato asuntos personales con el ex presidente ni con ningún ex presidente”. (¿?) Retador, como es costumbre suya, Corral emplazó a Salinas de Gortari “a que especifique, a que diga, que plantee con toda claridad qué apoyos le he pedido yo o qué colaboración le he pedido yo. Por el contrario,
él me formuló varias peticiones en torno de asuntos de carácter público a las que por cierto yo nunca accedí”. (¿?) Continuando con su andanada, Corral Jurado agregó: “El nombre de Salinas por sí solo ensucia, por lo que al dejar la idea de que recientemente me he reunido con él… siembra la duda qué tipo de apoyo puede uno pedirle a Salinas… pues dinero, eso es lo que trata de dejar sembrado ahí. Por supuesto jamás pedí esto así de mi parte y obviamente tendré que aclararlo con toda puntualidad porque siembra dudas, porque trata de cambiar el rumbo de un debate que hoy está colocado en el país sobre los vínculos, los nexos de una buena parte de la clase política mexicana en torno del crecimiento del narcotráfico en México”. Continuando con su ofensiva para tratar de desligarse de sus presuntos nexos y asociaciones con Salinas de Gortari, el lunes 28 de noviembre del 2009 desde el Palacio Legislativo el lenguaraz Javier Corral agregó que Carlos Salinas de Gortari “es un caso de impunidad y abuso del poder, que recurre a la difamación, como fórmula para quitarse las acusaciones. Carlos Salinas es un ex presidente que no ha podido terminar de reaparecer; el descrédito lo sigue persiguiendo.” Y haciendo gala de su proverbial “humildad” que lo caracteriza por la que es de sobra conocido, Javier Corral agrego: “Cuando el comandante Castro me propuso el encuentro, no tenía idea de qué quería tratar el ex presidente conmigo pero tenía curiosidad no sólo como el político que soy, sino como
el alma periodística en vilo que llevo dentro de mí.” (sic)
La pregunta de rigor es: ¿cuál de los dos está mintiendo?
Sobre Carlos Salinas de Gortari ya se ha escrito mucho y sus actos públicos son bastante conocidos como para tener que repetirlos aquí, y de hecho podemos considerar que el juicio histórico sobre él ya ha sido emitido. Falta por revisar las cartas credenciales de su acusador.
¿Realmente tiene Javier Corral Jurado calidad moral para andar haciendo declaraciones sensacionalistas con las que gusta de acaparar los reflectores?
¿Con qué cara se pone a hacer declaraciones como las que acostumbra hacer usando la tribuna del Palacio Legislativo para ello, a sabiendas de que por ser un
plurinominal no representa a nadie más que a sí mismo, siendo un
arribista que llegó al Congreso
no por el voto popular sino por el reparto de cuotas de poder negociadas en el pasado con los mismos regímenes priistas a los que Javier Corral atacaba tan duramente en el pasado? Y de hecho, es ya la
segunda vez que Javier Corral llega como diputado al Congreso de la Unión, habiendo llegado la ocasión anterior también por la vía plurinominal. Y de hecho
jamás ha contendido por un cargo público sometiéndose directamente al juicio de los electores, exceptuando aquella ocasión que contendió para la Gubernatura de Chihuahua en el 2004 y en la cual el electorado chihuahuense le propinó a Javier Corral una soberana y contundente derrota en las urnas. Javier Corral representa todo aquello en contra de lo cual luchó la Revolución Mexicana que derrocó al dictador Porfirio Díaz. Si el lema triunfante de la Revolución de 1910 era “Sufragio efectivo, no reelección”, ciertamente este político desgastado que sólo ha podido lograr llegar a la Cámara de Diputados o a la Cámara de Senadores por la vía plurinominal representa todo lo contrario de lo que simboliza el sufragio efectivo. Y al repetir como diputado federal, representa todo lo contrario del lema “no reelección”. Si por él fuera, también debería ser posible en México llegar a ser Gobernador de un Estado y repetir en el cargo varias ocasiones, pero aún no se la ha ocurrido la fórmula mágica para lograrlo. Entendiblemente, Javier Corral es uno de los más feroces opositores al concepto del sufragio pleno, y está decididamente en contra de la eliminación de los diputados y senadores plurinominales, porque ha encontrado en esta fórmula su
modus vivendi para garantizarse a sí mismo un futuro cómodo a expensas de los contribuyentes que no votaron por él. Cabe señalar que ni siquiera para el cargo que ocupa Javier Corral como diputado plurinominal pudo obtener una mayoría dentro del PAN, ya que en las elecciones internas que hubo
perdió ante su oponente Velia Idalia Aguilar Armendáriz, tras lo cual peleó ferozmente no para que se le lanzara como un candidato sometido al voto directo del pueblo -y a una segura derrota- sino como candidato plurinominal ocupando un lugar en las listas de preferencia que le garantizara la
chamba a este parásito profesional del erario público.
Hablemos ahora acerda del mundialmente célebre asunto de “Las Muertas de Juárez”, el cual fue adquiriendo notoriedad mundial bajo la administración pública del inepto y corrupto Gobernador panista Francisco Barrio Terrazas. En aquellos años, al mismo tiempo que crecían las voces de protesta en México y en el mundo entero por la impunidad en los cientos de feminicidios cometidos en Ciudad Juárez, Javier Corral supo guardar muy bien silencio sin externar jamás crítica o comentario alguno en contra de la impunidad que prevalecía en aquél entonces, ni en los tres años en los que fue presidente de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso del Estado de Chihuahua (1992-1995) ni en el tiempo posterior en el que fue presidente estatal del PAN en dicho Estado hasta que condujo al partido a una vergonzosa derrota en 1998 cuando el PAN fue expulsado de la gubernatura de Chihuahua por un electorado harto de la impunidad y corrupción prevalecientes bajo el régimen de Francisco Barrio Terrazas, amigo personal, padrino y compadre de su ahijado político Javier Corral. A las madres de las muchachas victimadas el despótico Javier Corral les estuvo estrellando repetidamente la puerta en la cara cuando iban a pedirle su ayuda, hasta que ellas y los chihuahuenses se dieron cuenta de que el único remedio posible radicaba en expulsar al PAN del poder en Chihuahua, lo cual hicieron gustosamente en 1998.
De cualquier manera, tiempo después y “henchido de ira” por la impunidad en la que estaban quedando los crímenes contra mujeres en Ciudad Juárez, Javier Corral Jurado no dudó en elevar sus más enérgicas protestas desde algunos de los cargos públicos -plurinominales- ocupados por él y desde los más diversos foros y tribunas en los que ha participado, denostando con toda la fiereza del mundo la falta de resultados concretos en el esclarecimiento de tanto asesinato. Un ejemplo de ello lo podemos ver en su columna ROTAFOLIO fechada 8 de Marzo del 2002 bajo el encabezado “¡Ni una más! Crímenes contra Mujeres”. Vale la pena reproducir los primeros párrafos relevantes de dicho artículo para ver si se nos enternece el corazón y nos brotan las lágrimas con la retórica de este “paladín de los derechos humanos”:
¡Ni una más!
Crímenes contra Mujeres
Columna Rotafolio
Javier Corral Jurado
Oficina del Senador (plurinominal) Javier Corral Jurado
8 de marzo del 2002
Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, cerca de veinte organizaciones cívicas, sociales, profesionales y políticas de Chihuahua, que fundamentalmente agrupan a mujeres, iniciaron una marcha que partió de la capital del Estado hacia el Puente Internacional de Santa Fé, en Ciudad Juárez. Lo denominan “Éxodo por la Vida” y es parte de la campaña NI UNA MAS, que hace cuatro meses iniciaron estas mismas organizaciones con una demanda particular: que las autoridades pongan fin a las muertes de mujeres/niñas en esa frontera.
La crueldad de esos asesinatos y la cantidad hasta hoy acumulada, colocan al ejercicio de la autoridad en un extremo bochornoso y eso nos ha desprestigiado a todos los que de alguna manera tenemos responsabilidades públicas. Libros, revistas, artículos y reportajes completos hablan sobre las “muertas de Juárez”. En medio del drama de familias enteras, de la angustia, el coraje y la decepción de los ciudadanos, o todo eso junto, la indolencia de la autoridad estatal y la forma perversa con la que pretenden ocultar en unos casos y alterar en otros las cifras, investigaciones y detenciones no tiene precedente. Es que la forma en que se medró políticamente con el asunto hace tres años y medio, cuando el hoy Gobernador del Estado andaba en campaña, ha provocado un desquiciamiento brutal de los procedimientos de procuración y administración de la justicia lanzados a mentir, a confundir, a simular. El regateo de las cifras de hoy con las de ayer, es la prueba irrefutable del desprecio por la vida que tienen las autoridades (priistas) actuales de mi Estado. Capaz de llevar a la rentabilidad mediática su propio atentado, y convocar a una semana de festejos conmemorativos de su resurrección, Patricio Martínez revela el ayuno... (bla, bla, bla).
Ante tan candentes denuncias, pareciera que Javier Corral, movido por el dolor de tantas madres clamando justicia, por vez primera en su vida despojándose de todo compromiso de índole partidista y actuando en forma recta e imparcial, había decidido alzar su más fuerte voz de protesta en contra del mismo Francisco Barrio Terrazas. Pero ésto no es así.
Todas, absolutamente todas las duras críticas que ha formulado Javier Corral por la falta de soluciones en los casos de los crímenes contra mujeres en Ciudad Juárez las formuló primero en contra del Gobernador Patricio Martínez (priista) y posteriormente en contra del Gobernador José Reyes Baeza (priista), nunca en contra de Francisco Barrio Terrazas, y ésto se puede afirmar del modo más categórico posible tras una revisión exhaustiva de todos los artículos, ponencias y boletines de prensa elaborados por Javier Corral que se han publicado en los medios de comunicación desde que Francisco Barrio Terrazas tomo posesión de su cargo como Gobernador de Chihuahua hasta la fecha.
Y por cierto, después de las candentes denuncias puestas por Javier Corral en su columna ROTAFOLIO en el 2002 en contra del Gobernador
Patricio Martínez mofándose cruelmente del
atentado que sufrió el Gobernador de Chihuahua el 17 de enero del 2001, un atentado que lo puso al borde de la muerte, en una de sus típicas volteretas y retractaciones tardías el mismo Javier Corral reconoció publicamente siete años después el gran trabajo realizado como gobernante por Patricio Martínez, según lo que consigna una nota publicada en
El Heraldo de Chihuahua el domingo 30 de Septiembre 2009.
De acuerdo con los registros históricos, el primer feminicidio con el cual comenzaron los asesinatos seriales de mujeres en Ciudad Juárez ocurrió en 1993, cuando el principal padrino, comparsa y cómplice de Javier Corral Jurado no cumplía ni siquiera medio año de haberse convirtido en Gobernador de Chihuahua (el reporte se dió a conocer por los medios la tarde del domingo 4 de enero de 1993 cuando se informó del hallazgo de la primera víctima, una joven de entre los 25 y 30 años, no identificada, con evidentes signos de tortura, cuyo cuerpo apareció echado en un canal de irrigación en la zona norte de esa ciudad ubicada en Chihuahua, en la frontera con Estados Unidos de Norteamérica), e inmediatamente tras este crimen los demás empezaron a ocurrir rápidamente en cascada mortífera. En los tres años en los que fué Presidente de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso del Estado de Chihuahua (1992-1995) así como en los tres años posteriores en los que Francisco Barrio Terrazas permaneció en su cargo como Gobernador en funciones, el ya para entonces presidente estatal del PAN chihuahuense Javier Corral jamás le hizo crítica o reproche alguno en su contra a Francisco Barrio por la forma tan indiferente y tan burda con la cual él y su inepto Procurador de Justicia Francisco Molina Ruiz estuvieron manejando los crímenes contra mujeres en Ciudad Juárez.
Su boca siempre permaneció silenciosa en éste rubro, como si se la hubieran sellado con plomo. Hizo críticas muy duras y lanzó ataques despiadados en contra del manejo del problema únicamente cuando Francisco Barrio Terrazas dejó de ser Gobernador, y ello echándole toda la culpa al sucesor Patricio Martínez García absteniéndose en todo momento de mencionar a Francisco Barrio Terrazas bajo cualquier contexto negativo en relación a éste problema social, demandando indignado que el Gobernador Patricio Martínez esclareciera todos los crímenes contra mujeres en Ciudad Juárez que Francisco Barrio Terrazas en sus seis años como Gobernador dejó en la más completa impunidad. Pero quizá lo más inverosímil de todo ésto es que, aún pese a estar lucrando políticamente con el dolor de los familiares de las decenas y decenas de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, Javier Corral Jurado se sintió en todo momento con pleno derecho para pedirles a todos los familiares de las víctimas su voto para llevarlo a ocupar en las elecciones del 2004 el mismo cargo en el Estado de Chihuahua desde el cual su “tutor” Francisco Barrio Terrazas fomentó tanta impunidad, voto que desde luego le negaron. Este muestra documentada de cinismo, hipocresía y exhibicionismo exhibe la calaña de la cual está hecho el
perpetuo plurionominal Javier Corral Jurado.
No conforme con haber tratado con la punta del pie a las madres de las cientos de muchachas jóvenes asesinadas en uno de los marcos de mayor impunidad que ha habido en la Historia de México, en septiembre del 2009 ya como diputado -plurinominal- se dió el gusto de volver a clavarles el puñal a estas pobres madres al respaldar la imposición del inepto cuan corrupto
Arturo Chávez Chávez como Procurador General de la República, el mismo al cual como Procurador de Justicia en el Estado de Chihuahua el infame Javier Corral estuvo encubriendo y “justificando” en el cargo. De cualquier modo, y ya antes de esto, el vengativo Javier Corral dolido por las dos derrotas consecutivas que el pueblo de Chihuahua le propinó a su partido político tanto en 1995 como en 1998 con un duro voto de castigo, no vaciló en usar -o mejor dicho, en abusar y dar mal uso- a sus influencias como Senador para que en el Estado de Chihuahua quedasen congelados dos importantes proyectos para la construcción de carreteras sólo porque el rencoroso Senador no quería que el gobierno de extracción priista de Patricio Martinez pudiese recibir crédito alguno por la realización de tan importantes obras. Esto existe documentado en la siguiente nota:
Acusan a Corral de obstruír obras
Olga Aragón
EL DIARIO
1 de noviembre del 2002
El senador Javier Corral Jurado fue acusado por diputados del PRI y del PRD de haber promovido ante la Secretaría de Comunicaciones y Transportes la obstrucción de la obra carretera de doble carril que emprendió el gobierno del Estado en el tramo Cuauhtémoc-La Junta.
También responsabilizaron al senador panista de haber levantado obstáculos para evitar que la nueva carretera Jiménez-Parral, se transfiriera al estado.
Jesús Roberto Corral, diputado priista por el Distrito XIII con cabecera en Cuauhtémoc y el diputado perredista Héctor Elías Barraza Chávez, se lanzaron en la Tribuna del Congreso del Estado contra el senador panista, a quien señalaron como un “obstáculo” para el progreso de Chihuahua.
Ambos legisladores dijeron que ha sido Javier Corral Jurado, quien en su carácter de senador de la República y utilizando sus relaciones políticas con funcionarios del gabinete de gobierno del presidente Fox, ha sido el principal impulsor de la obstrucción que realiza la Secretaría de Comunicaciones y Transportes para la construcción de la caseta en la nueva carretera Jiménez-Parral y la construcción de la doble carril Cuauhtémoc-La Junta.
En tribuna, Héctor Barraza, aseveró que el senador Corral Jurado influyó ante el propio titular de la SCT, Pedro Cerisola Weber, para obstruír el acuerdo de poner una caseta, así como para la construcción de la carretera Cuauhtémoc-La Junta.
Roberto Corral Ordóñez dijo que en el caso de la nueva carretera Jiménez-Parral, el senador llevó gente a las oficinas de la SCT en el Distrito Federal, para protestar por la instalación de la caseta. “En el caso de Cuauhtémoc no fue necesario (trasladar gente a la capital de la República), ya que utilizó a sus representantes del Centro Empresarial”, comentó el legislador priista.
Barraza Chávez, ex-priista y actualmente diputado plurinominal del Partido de la Revolución Democrática, se fue duro contra el senador Javier Corral y generalizó su crítica a todos los panistas, señalando que “ya se les olvidó” la bandera federalista que enarbolaron en el 2000 para ganar la elección presidencial.
“Con el cambio que prometió el PAN, vino el retroceso en los trámites para que perteneciera al estado el tramo Parral-Jiménez”, agregó el diputado oriundo de Namiquipa y acusó a los diputados del PAN, específicamente al senador Javier Corral, de no actuar como legisladores en representación de los intereses de la sociedad, sino de constreñir su función a meros defensores de los objetivos políticos electorales de su partido.
Veamos ahora un editorial de un analista que conoce bien y ha seguido de cerca el negro historial de Javier Corral Jurado:
Corral, beneficiario del dedazo
Indicador Político
Carlos Ramírez carlosramirezh@hotmail.com
Sitio Web Indicador Politico
Como político al viejo estilo, el diputado federal electo panista Javier Corral Jurado ha decidido enfrentar hoy el dedazo en el PAN, pero olvidando que su carrera política fue producto justamente de varios dedazos.
Forjado en el autoritarismo político tradicional, Corral, por ejemplo, destituyó en 1995 a Héctor Mejía del comité directo municipal del PAN en Ciudad Juárez, por algunas críticas que le hizo al entonces alcalde juarense Ramón Galindo y al propio Corral como presidente estatal del PAN.
Poco sensible al debate político, Corral dio un manotazo autoritario, invocó violaciones a los estatutos y reglamentos, atacó a Mejía por atreverse a criticar a la élite dirigente panista en Chihuahua y lo destituyó del comité municipal. Y de paso, Corral destituyó también al Dr. Turati del comité directivo municipal de Chihuahua por violaciones a estatutos y reglamentos. Corral no aguantó la crítica a su estilo de dirigir el PAN estatal…
En una carta abierta, Alejandro Pérez Cuéllar, hermano del dirigente estatal chihuahuense del PAN, pasa hoy revista a los estilos políticos de Corral. Sobre todo, contrasta el discurso político democratizador de Corral que exige al presidente de la República cumplir los estatutos del PAN, con el Corral que siempre creció al amparo de los dedazos del poder. Por ejemplo, el gobernador chihuahuense Francisco Barrio impuso a Corral como presidente estatal del PAN exactamente igual a como hoy dice Corral que Calderón quiere poner a Nava: Por decisión personal y sin pasar por los estatutos.
Por la intervención directa de Barrio como gobernador de Chihuahua, Corral logró la diputación local y fue designado presidente del Congreso local para defender los intereses del mandatario estatal. Y más tarde Barrio colocó a Corral como presidente del comité estatal del PAN a dedazo limpio. Hoy, claro, Corral se viste de demócrata y se opone a que el presidente de la República decida la dirección del PAN con argumentos que olvidó en el pasado.
La historia de Corral como dirigente estatal panista estuvo marcada por las irregularidades, las venganzas y… las imposiciones. Corral impidió la crítica, destituyó a dirigentes municipales que se atrevieron a criticarlo y deterioró el trabajo político del partido, al grado de que dejó un partido mal desarticulado y maltrecho para irse al DF a fungir como vocero del comité nacional dirigido entonces nada menos que por Felipe Calderón.
En Chihuahua el PAN tuvo su peor derrota en 1998: Barrio perdió su sucesión y el candidato Ramón Galindo no pudo mantener al PAN en la gubernatura y fue derrotado por el priísta Patricio Martínez. El PAN que acudió a esa elección fue precisamente el partido que había dejado Corral como presidente estatal. Desde entonces, el PAN quedó abajo. Ciudad Juárez, la ciudad de nacimiento de Corral y el municipio panista por excelencia, se reconvirtió al priísmo desde entonces.
En la elección para gobernador del 2004, Corral buscó una alianza con el PRD de López Obrador, justo cuando el tabasqueño se enfilaba hacia la candidatura presidencial y la ruptura con el gobierno de Vicente Fox. La estrategia de Corral era la de conformar un frente amplio de toda la oposición contra el PRI, aprovechando las pugnas priístas internas y sobre todo la alternancia presidencial del 2000. Sin embargo, ni así pudo Corral: perdió por quince puntos porcentuales ante el candidato priísta José Reyes Baeza.
Corral terminó por hundir al PAN chihuahuense en las indefiniciones. Los panistas de Chihuahua reclamaron a Corral la alianza con el PRD, sobre todo, como dice el hermano del actual presidente panista en Chihuahua, el PAN perdió su rumbo ideológico por el oportunismo electoral. Escribe el panista Alejandro Pérez Cuéllar, “¿dónde está la congruencia (de Corral)?, si hasta nos aliamos con el PRD porque Javier nos convenció de ello, Partido (el PRD) que por cierto promueve el aborto. ¿Las alianzas son bondadosas sólo cuando son promovidas por Javier?”.
Otra incongruencia de Corral radica en su percepción de los resultados electorales. Corral cuestionó de manera estridente en Chihuahua el resultado de las elecciones internas para definir candidaturas a diputados porque hubo, decía Corral, “fraude” por municipios con votaciones zapato o con cero votos para algunos aspirantes, aunque Corral nada dijo de las casillas donde él ganó con votaciones a favor de 100 por ciento.
“En el 2000”, recuerda Alejandro Pérez Cuéllar en su carta contra Corral, “Ramón Galindo acusó a la dirigencia estatal de intromisión en el proceso para elegir candidatos a Senadores, de favorecer a Javier, de que no se explicó la forma de votar, etcétera, y a Ramón Galindo lo expulsaron del Partido, ¿por qué en esa ocasión Corral no dijo nada? ¿Qué no ameritaba un poco de reflexión?”.
Y queda la declaración de Corral como vocero de Calderón como presidente del PAN a propósito de la renuncia de Carlos Castillo Peraza al PAN: “No estamos llenos de Castillos, pero tampoco estamos huérfanos de ideólogos. El presidente nacional del partido, Felipe Calderón, es un hombre con una gran claridad ideológica y doctrinal, capaz de encabezar cualquier interlocución política con cualquier institución, partido o frente al gobierno”.
Veamos ahora un reportaje en el que podemos ver los comentarios de otro conocido editorialista que conoce bien a Javier Corral:
No es congruente Corral: Sarmiento
Raúl Lechuga Manquero
EL DIARIO
7 de mayo del 2004
El analista político y comentarista de televisión, Sergio Sarmiento, dijo ayer que lo que le queda claro,“en el caso de Javier Corral, es que hay que ser congruente. Lo que uno pide como candidato, es lo que uno debe hacer como gobernante, y lo que uno pide como legislador es lo que uno debe aplicar como candidato, hay una cierta línea de coherencia que uno debe mantener en la vida personal y sobre todo, en la vida pública”.
En una rueda de prensa que dió ayer por la tarde en la ciudad de Chihuahua, Sarmiento señaló que Corral es un hombre que ha participado mucho en cuestiones de medios de comunicación pero con propuestas que “a mí me parecen peligrosas”.
En ese sentido, consideró que la propuesta del ahora candidato al Gobierno del Estado, de una comisión de comunicación social en el Congreso cuando fue legislador, equivale a restablecer la censura, pero con validez legal.
“A mí, francamente eso me aterraba y siempre manifesté mi oposición, porque no creo en la censura”, dijo.
Consideró a Javier Corral, como un hombre muy controvertido, “y en eso lo conocen mejor los chihuahuenses que yo, y los juarenses mejor que nadie”.
Es un hombre, agregó, que exige ciertos privilegios y oportunidades cuando está en la oposición y los niega cuando tiene el poder para hacerlo.
Está el caso de Samuel Schimdt, que se ha enfrentado a un problema de presión y de censura en su contra, señaló el conductor de “La Entrevista con Sarmiento”.
Sarmiento, quien es vicepresidente del Consejo Editorial de TVAzteca, participó en el foro ‘Liderazgo para el desarrollo de México’ organizado por el Centro de Liderazgo y Desarrollo Humano en el marco de la conmemoración de su XV aniversario, con una conferencia sobre la Participación Ciudadana en la Construcción de la Democracia.
Durante una rueda de prensa posterior, tocó el tema de Javier Corral y su controversia con El Diario, así como su condicionamiento en cuanto a la publicidad cuando dijo que “la equidad publicitaria tiene como base la equidad en la información”.
Consideró que (Corral) tiene derecho a defender sus ideas y a poner el dinero donde sienta que más va a redituar, pero lo que ha propuesto ya concretamente en términos de medios de comunicación, “no puedo aceptarlo porque no creo en la censura”.
Aclaró que es distinto, cuando se trata de dinero público, debe haber otras reglas, pero ciertamente en la actualidad no están especificadas.
“Es verdad que los distintos gobiernos buscan premiar a los que los apoyan y castigar a quienes los rechazan, y los medios tenemos que tener la valentía de sostener nuestras posiciones, independientemente de si nos entra o no dinero del gobierno. Eso es una cuestión de ética periodística personal”.
El caso del periodista Samuel Schmidt, víctima de una despiadada cacería emprendida en su contra por el “defensor de la libertad de prensa y libertad de expresión” Javier Corral Jurado, citado arriba por Sarmiento, es un caso muy vergonzoso, uno de los peores atentados en contra de la libertad de prensa y libertad de expresión que se hayan dado en el Estado de Chihuahua. En un foro de Internet, Samuel Schimdt recordó: “(Javier) Corral me sacó de Radio 13 después que dije que podría utilizar su posición como presidente de la Comisión de Telecomunicaciones del Senado para conseguir concesiones de radio. Ése es el paladín de la libertad de expresión. Se imaginan si como dice Ramsés García Ancira Saba ésa fuera la única carta panista para Gobernación. No hay que echar en saco roto que
estos panistas tienen el fascismo muy instalado en el pensamiento”. Javier Corral estuvo acosando sin cesar al periodista Samuel Schmidt utilizando todas sus influencias y su poderío como senador (plurinominal) acosándolo, vetándolo y bloqueándolo por todos los medios posibles, hasta que se cansó al encontrar nuevas víctimas con las cuales podía mantenerse ocupado, y sobre todo al mantenerse obsesionado en la aprobación legislativa de algo por lo que es recordado tristemente en Chihuahua: su famosa
Ley Mordaza, proyecto desechado inclusive por sus propios correligionarios en el Congreso del Estado de Chihuahua y la cual terminó suavizando convirtiéndola en una más bonachona y disfrazada
Ley de Medios. Sus ataques directos e indirectos en contra de la libertad de prensa y la libertad de expresión no fueron jamás obstáculo alguno para exhibirse públicamente como miembro de la Asociación Iberoamericana de Derecho a la Información (AIDIC), otra más de su millón de incongruencias.
Veamos lo que nos dice el siguiente extracto:
La ley de Corralito
Miguel Angel Chávez Díaz de León
EL DIARIO
27 de octubre del 2002
Con la misma soltura con la que en otro tiempo anduvo promoviendo una Ley Mordaza para someter a periodistas y editorialistas, el senador (plurinominal) Javier Corral impulsa ahora nada menos que el derecho de los informadores a calumniar impunemente. No es una lección de congruencia política, pero sí nos permite ver hasta dónde es capaz de llegar el legislador en defensa de uno de los medios que -cree él- le ayudarán en su loco tropel por convertirse en gobernador.
Un día, blanco y, otro, negro. Alguna vez hace varios años, Corral Jurado fue enjuiciado en el PAN por proferir declaraciones inconvenientes para la jefatura del partido. Y el hombre se deshizo en denuncias y lamentos. Años después -ya convertido él mismo en jefe-, vino para enjuiciar a otros panistas que habían emitido opiniones impertinentes. Luego el hombre juzgó que aquello era bueno.
Así ha sido la relación del senador con la libertad de expresión. A veces parece que la adora y otras veces es obvio que le causa salpullido. En realidad, la detesta siempre. Sólo que, como se dice, los intereses no tienen ideología. La única libertad de expresión que Javier Corral está dispuesto a defender es la suya propia...
Citaremos nuevamente otro editorial de Carlos Ramírez publicado en Internet por Periódico Zócalo:
La fich(it)a de Javier Corral
Indicador Político
Carlos Ramírez
Periódico Zócalo
Autodenominado y autopromovido como un dechado de democracia pura en su máxima expresión, el panista Javier Corral Jurado ha dejado tras de sí una estela de represión de la libertad de prensa, de acoso contra periodistas críticos, de alianzas con personeros del salinismo y el viejo PRI y sobre todo de sospechosos casos de tráfico de influencias.
Acostumbrado a actuar en base a caprichos y estridencias, el hoy diputado electo plurinominal panista Corral Jurado ha aumentado el tono de sus protestas por su relación política con el senador foxista Santiago Creel Miranda para fijar su condición de disidente y con ello apartar desde ahora la candidatura panista al gobierno de Chihuahua para el 2010 y ya con un compromiso de alianza con el PRD de López Obrador.
Las alianzas de Corral no dejan de sorprender a los panistas. Por ejemplo, en 1998, el 2000 y el 2005 se confabuló con el vocero salinista José Carreño Carlón para impulsar la creación de organismos de control de medios de comunicación electrónicos, pero no nada más de su funcionamiento, sino sobre todo de contenido. En esas tres ocasiones impulsó intentos de ley mordaza que fueron derrotadas por la respuesta libertaria de periodistas. Ahora quiere la Comisión de Radio y Televisión de la próxima Cámara para tratar de imponer reglas al contenido de los medios.
Aunque se viste defensor de criterios de regulación de medios, en realidad Corral tiene más evidencias de irregularidades. En 2004, por ejemplo, utilizó su poder como presidente de la Comisión de Comunicaciones y Transportes del Senado para censurar al politólogo Samuel Schmidt, quien había denunciado en un programa de radio que Corral buscaba asociarse con un grupo extranjero para manejar estaciones de radio “cuya concesión sacaría desde la presidencia de la Comisión de Comunicaciones del Senado”. Corral presionó con impunidad al dueño de la estación y Schmidt fue censurado como analista político y despedido del programa. Schmidt levantó denuncia penal contra Corral, pero la PGR fue presionada por el PAN para desecharla.
Su pleito con Televisa quiere ser vestido como de defensa de los intereses de la sociedad, pero en realidad fue un asunto estrictamente comercial. Corral había pactado con Televisa una línea de crédito para su campaña a gobernador, pero se desentendió de la deuda cuando perdió las elecciones. Televisa demandó a Corral por incumplimiento. Corral se protegió con el fuero y ocultó en la estridencia de denuncias contra la empresa el hecho de que había caído en situación de fraude comercial.
Su alianza con el salinismo se logró a través del vocero salinista Carreño Carlón. Los dos quisieron erigirse en comisarios políticos de la libertad de expresión y trataron de crear en México un premio similar al Pulitzer de los Estados Unidos. Inclusive Carreño y Corral entregaron un reconocimiento al corresponsal Sam Dillon, del The New York Times, por el Pulitzer a sus reportajes de denuncia de sospechas de narco del gobernador sonorense Manlio Fabio Beltrones, pero ocultaron el hecho de que Dillon engañó al Comité Pulitzer porque no entregó precisamente el reportaje sobre Beltrones porque estaba basado en pruebas falsas. Eso sí, Carreño y Corral premiaron a Dillon por un reportaje que no tomó en cuenta el Pulitzer. Inclusive Beltrones demostró la falsedad del reportaje y recibió disculpas del Times.
Las alianzas de Corral sorprenden a los propios panistas. Por ejemplo, se alió al priísta Manuel Bartlett para enfrentarse a las televisoras nacionales, pero se trataba del Bartlett que operó el gran fraude electoral en Chihuahua en 1986 para impedir la victoria del panista Francisco Barrio, entonces padrino político de Corral. Bartlett aplicó al PAN un “fraude patriótico” para bloquear por cualquier medio la victoria “de la derecha”. Todos los intelectuales más importantes y de diversos grupos pidieron la anulación de las elecciones, pero Bartlett impuso su tesis a favor del PRI. Hoy Corral basa su fuerza política no en el PAN, sino en sus relaciones con el PRI de Bartlett y Carlos Salinas y con el PRD de López Obrador.
Corral ha sido un fracaso electoral. Además de que todas sus posiciones han sido plurinominales, en el 2004 perdió las elecciones a gobernador en Chihuahua por 15 puntos de ventaja del priísta José Reyes Baeza. Corral compitió en alianza con el PRD y Convergencia y sacó 41% de votos, el mismo porcentaje del PAN sin alianzas en 1998. Es decir, Corral le hizo perder cuando menos 8 puntos al PAN. En el 2010 quiere de nuevo la candidatura en alianza con el PRD de López Obrador.
En el 2008 Corral renunció con estridencia a su cargo en el comité nacional del PAN por el relevo de Santiago Creel en la coordinación de la bancada panista en el Senado, aunque sin reconocer que la caída de Creel se debió a su alianza con la ex pareja presidencial Vicente Fox-Martha Sahagún. Aislado en el PAN, sin fuerza propia, Corral ha preferido entonces sus alianzas externas con Carlos Salinas, Manuel Bartlett y el perredismo de López Obrador. De ahí que la crítica de Corral al PAN y al presidente Calderón sea parte de los juegos de poder de sus aliados fuera del panismo.
Sergio Sarmiento (y muchos otros como él) no es el único que ha observado una incongruencia total en las ideologías y lealtades de Javier Corral, el cual está plenamente dispuesto a aliarse a su conveniencia hoy con la ultraderecha que tras bambalinas controla al país y mañana con la ultraizquierda si tal cosa conviene a los intereses personales de este personaje con más caras falsas que el dios griego Jano. Sobre esto tenemos un breve
artículo aparecido en un sitio Web titulado apropiadamente “Maquiavelo”:
El cambiazo de Javier Corral
Maquiavelo: El arte de la política
25 de septiembre del 2009
Radical el cambio observado en el diputado Javier Corral.
Hace apenas unos meses era el fustigador más severo de su partido, el PAN, y del “jefe nato” de las causas blanquiazules, del señor Felipe Calderón.
Casi no había día en el que no se lanzara en contra de uno o de otro.
Pero llegó a San Lázaro y su óptica sobre su partido y sobre el inquilino de Los Pinos varió diametralmente.
Ahora es el principal –único– defensor del calderonismo. El ariete que se contrapone a Gerardo Fernández Noroña o a cualquiera que ose externar la más leve crítica a la errática administración del michoacano.
¿Qué pasó con la congruencia?
¿Qué se le atravesó a Corral en su camino a San Lázaro?
A Javier Corral le gusta presumir ante todo mundo su “mexicanidad” y su refrendado “patriotismo” y “amor” por México. Pero es el caso que Javier Corral ni siquiera es un mexicano de nacimiento. Nació el 2 de agosto de 1966 en la ciudad de El Paso, Texas, en los Estados Unidos de Norteamérica, y es ciudadano estadounidense de nacimiento,
una ciudadanía a la cual jamás ha renunciado. Si lo desea, este extranjero puede irse en el momento que le dé la gana a radicar a su país de origen, no hay impedimento alguno para ello. Sin embargo, en los Estados Unidos no hay Diputados plurinominales ni Senadores plurinominales, ni a nivel federal ni a nivel estatal. Allá un tipo tan pedante, tan soberbio y tan prepotente al igual de falso y traidor como Javier Corral jamás tendría esperanza de futuro político alguno, porque allá los votos son los que cuentan y no las cuotas de poder, esas cuotas de poder con las que Javier Corral se ha estado beneficiando ampliamente incluso en los tiempos en los que Carlos Salinas de Gortari fuera Presidente de México. Mejor se queda en México, en donde puede vivir comodinamente a expensas de los contribuyentes que no votaron por él.
Sobre esto último, se puede agregar algo que podría convertirse en un escándalo internacional para el actual Congreso de la Unión. A partir del primero de junio del 2009, las autoridades norteamericanas empezaron a
exigir un pasaporte de ingreso hacia los Estados Unidos a todos los nacidos en dicho país, aunque cruzen a pie por los puentes internacionales que conectan a México con los Estados Unidos, lo cual requiere forzosamente el tener que tramitar un pasaporte estadounidense que identifica a su poseedor como un ciudadano norteamericano. Ahora bien, ¿con qué pasaporte cruza Javier Corral Jurado hacia los Estados Unidos cuando va hacia dicho país? Si cruza mostrando un pasaporte norteamericano que lo acredita como ciudadano norteamericano, ¿qué demonios tiene que andar haciendo un norteamericano en la Cámara Legislativa de México en donde se discuten y se aprueban las leyes que terminarán afectando a todos los mexicanos? Y si cruza con un pasaporte mexicano, entonces ciertamente le está mintiendo a las autoridades norteamericanas en virtud de que jamás ha llevado a cabo ningún trámite ante la Embajada de los Estados Unidos para renunciar formalmente y de manera definitiva a su ciudadanía estadounidense (de hecho, le estaría mintiendo a los gobiernos de ambos países) ni tiene en sus manos documento alguno que muestre que ha renunciado a su ciudadanía norteamericana. Y si tiene los dos pasaportes de los dos países, tanto el pasaporte mexicano que lo identifica como un ciudadano mexicano como el pasaporte norteamericano que lo identifica como un ciudadano norteamericano, usando el uno o el otro a su conveniencia (dándose un privilegio del que no goza el resto de los mexicanos), no sólo estaría llevando a cabo una simulación deshonesta sino que posiblemente esté incurriendo en algún delito, aunque de cualquier manera para este individuo la simulación siempre ha sido un modo de vida.
Muchos analistas de la zona fronteriza Norte de reconocido prestigio coinciden en que la corrupción de Javier Corral en cuanto escaló por circunstancias fortuitas del destino hasta la cima del poder es algo imposible de negar. Uno de ellos es Raúl Flores Simental, editorialista del periódico NORTE DE CIUDAD JUAREZ, quien dejó constancia histórica de ello en su editorial titulado “Un corralito para el coronel” (NORTE DE CIUDAD JUAREZ, 26 de Mayo de 1996.) Las duras cosas que afirma en ese amplio editorial el analista Flores Simental acerca de Javier Corral no son invenciones de
Spectator, son rastros que dejó el vil político que en algún momento ambicionó (y tal vez siga ambicionando) convertirse primero en Gobernador de Chihuaha para saltar de allí a la Presidencia de México, o saltar directamente a la Presidencia de México, aunque el principal obstáculo en estos sueños de opio es que estos puestos no son plurinominales, se tiene que exponer directamente al voto (y al castigo) del pueblo.
Otro analista que parece estar decepcionado con las muchas máscaras detrás de las cuales esconde el falso de Javier Corral sus verdaderas intenciones es el afamado editorialista Alvaro Delgado, autor del libro “El Yunque: La ultraderecha en el poder”. Javier Corral estuvo presente en persona en una presentación que hizo de su libro Alvaro Delgado, externando preocupación por las revelaciones expuestas en el libro acerca de la conspiración nacional del Yunque en contra de México. Sin embargo, esto no fué obstáculo alguno para que tiempo después al lanzarse como candidato para la gubernatura de Chihuahua Javier Corral buscara y pactara el apoyo de Carlos Marcelino Borruel Baquera, uno de los ultraderechistas chihuahuenses ligados al funesto DHIAC, organización satélite del Yunque. Sabedor del gran poder que está ejerciendo la extrema derecha encubierta de México en estos momentos procuró el apoyo de estos extremistas en la creencia de que esto le bastaría para colmar sus locas ambiciones de poder y de gloria, aunque el pueblo de Chihuahua que lo conoce mejor tuvo sobre esto la última palabra. A mediados de octubre del 2009, en un artículo titulado “Ante el fracaso, la represión” publicado por la agencia noticiosa Apro, Alvaro Delgado externaba lo siguiente: “¿Con este gobierno y su partido, el PAN, se quieren aliar el Partido de la Revolución Democrática (PRD) para derrotar a Ulises Ruiz en Oaxaca, Fidel Herrera en Veracruz y Mario Marín en Puebla? Jesús Ortega y su corriente de Nueva Izquierda sí. Pero ¿Andrés Manuel López Obrador lo consentirá sólo para tomar un respiro electoral, que en realidad será un respiro para el PAN? ¿Qué argumentó dará para tales alianzas Javier Corral Jurado, operador directísimo de Calderón, con quien se reconcilió a cambio de la presidencia de la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados?” El 21 de octubre del 2009 Javier Corral tuvo la oportunidad para regresarle a Felipe Calderón el favor concedido votando ya como Diputado Federal -plurinominal- en pro de todos los aumentos de impuestos y endurecimiento de cargas tributarias aplicados por el panismo-Yunquismo en contra del pueblo de México (votó a favor de la Miscelánea Fiscal, votó a favor del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios -IEPS- lesivo para la industria de telecomunicaciones, votó a favor de la Ley de Ingresos de la Federación elevando los gravámenes del Impuesto sobre la Renta -ISR- e Impuesto al Valor Agregado -IVA-,
votó a favor de todo lo que propuso Felipe Calderón sin oponerse absolutamente a nada con la excepción de la creación del gravámen del 2 por ciento a alimentos y medicinas porque no pudo hacerlo al removerlo la fracción priista del paquete, desdiciéndose de toda una vida en la que desde las trincheras de la oposición estuvo denunciando vitriólicamente “la voracidad impuestívora de la dictadura que lesiona la economía de las clases populares”. Todo esto lo pudo hacer porque al fin y al cabo
nadie votó por él. En realidad, Javier Corral no tendría remordimiento alguno en venderle el alma al mismo Diablo a cambio de poder y gloria, excepto que el Diablo tal vez ni siquiera esté interesado en ofrecer algo a cambio de lo que seguramente ya es propiedad suya.
Uno de muchos personajes importantes a los cuales Javier Corral le clavó un puñal por la espalda (la lista es larga), panista prominente norteño de renombre, fue Francisco Villareal Torres, el hombre que exponiendo su propia vida y aún estando quebrantado de salud luchó por que lo recaudado en los puentes internacionales por concepto de peaje se quedase en Ciudad Juárez para obras en la comunidad fronteriza. Después de varias semanas de protesta, Villarreal fue escuchado por el presidente de la República y el gobierno federal autorizó entregarle al municipio de Ciudad Juárez la mitad de lo que se obtuviese por peaje en el Puente Internacional Paso del Norte (en el lado norteamericano, en el puente de retorno situado a unas cuadras, el gobierno federal le permite a la comunidad de El Paso quedarse con el cien por ciento de lo que se recauda por concepto de peaje en el puente de regreso a México). Villarreal no solamente logró la admiración y respeto de los fronterizos del norte de México, sino de personalidades del interior y exterior del país. El mismo Presidente de México Ernesto Zedillo lo visitó en su casa de Ciudad Juárez durante su último visita a la frontera, al conocer del agravamiento de la enfermedad. En su momento, Javier Corral alabó y aplaudió entusiastamente la lucha llevada a cabo por el Alcalde panista Villareal Torres para que el total de lo recabado en los puentes internacionales se quedase en Ciudad Juárez. Pero en cuanto Javier Corral llegó al Congreso como diputado -plurinominal- en tiempos de Vicente Fox, no vaciló un solo momento en darle su aprobación a una
reducción de lo recaudado en los puentes internacionales, dejándole a la ciudad por la que en vida luchó Francisco Villareal no el 50 por ciento sino el 25 por ciento. Y de paso, clavándole también un puñal en la espalda a todos los residentes de esa ciudad fronteriza que se vió seriamente afectada con el recorte. Era como si Javier Corral le hubiera echado un escupitajo a Francisco Villareal en su propia cara en vida. Sin embargo, a Javier Corral no le fué difícil hacer su cochinada, porque cuando Javier Corral traicioneramente demeritó con su propio voto la lucha llevada a cabo por Francisco Villareal, el renombrado panista ya había muerto el 23 de marzo de 1996, así que no estaba ya para echarle en cara a Javier Corral su excelsa hipocresía por la que es de sobra conocido. Tal vez de haber estado aún vivo Francisco Villareal, Javier Corral se habría abstenido de traicionarlo, porque no sólo es un traidor nato, sino que también tiene fama de cobarde.
Una de las cosas de las que a Javier Corral le gusta jactarse es que es todo un señor “Licenciado en Derecho”. Pero si alguien cree que Javier Corral obtuvo su título yendo a una universidad de reconocido prestigio por cinco largos años para después hacer su servicio social y elaborar una tesis y presentar un examen profesional al igual que todos, vale más que revise las hemerotecas de los chihahuenses, en donde podrá encontrar las evidencias de que Javier Corral ni cursó sus estudios en la ciudad fronteriza en donde tenía radicada su residencia (Ciudad Juárez), la cual por cierto tiene una de las mejores universidades de México (la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez), ni en una universidad de la Ciudad de México como la UNAM o la Universidad Iberoamericana, habido el hecho de que era precisamente en esa ciudad en donde se desempeñaba como legislador. La obtuvo, extrañamente, en un tiempo récord de unos cuantos años, en una universidad en Los Mochis, Sinaloa, en lo que se supone que fue entonces uno de los más bochornosos casos de tráfico de influencias de un Senador (plurinominal). La universidad en donde le hicieron tan amplio favor fue la Universidad de Occidente, en Los Mochis. La pregunta obligada aquí es: ¿de dónde supuestamente estuvo sacando Javier Corral el tiempo necesario para atender diariamente las clases y cursos en una universidad de un lugar en donde no trabajaba y mucho menos tenía residencia permanente alguna? Cuando se ostenta como “Licenciado en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Occidente, Unidad Los Mochis”, lo hace en socarrona burla y demérito de los millares de estudiantes y profesionistas de todo México que si cumplieron y siguen cumpliendo puntualmente con sus obligaciones para asistir a clases por cinco largos años presentando una enorme cantidad de tareas y exámenes en la profesión estudiada.
Los apologistas de Javier Corral (que no son muchos) argumentarán en su defensa que es necesario concederle el beneficio de la duda, y que hay que admitirle la posibilidad de que sea uno de los cerebros más brillantes que ha habido en toda la Historia de México, razón por la cual Javier Corral no encuadra bajo el quemadísimo esquema del “título sin profesionista”. Pero es el caso que Javier Corral jamás ha litigado como Licenciado en Derecho. En el lapso de tiempo en el cual no pudo ocupar cargo público alguno prefirió refugiarse dando clases en la UNAM -una chamba por la cual casi se hincó de rodillas pidiendo que se la diesen
al no haber otra opción en puerta- en vez de aprovechar su fama (tanto la buena como la mala) para abrir un bufete jurídico. Es más, ni siquiera sabe cómo tramitar un amparo. Es el equivalente de un médico que no sólo no sabe cómo hacer una operación sencilla como una extirpación del apéndice, ni siquiera sabe cómo aplicar una inyección intramuscular en la nalga. Si tan buen Abogado es, merecedor del título profesional que le dieron en Los Mochis pasando de noche usando sus influencias como Senador y posiblemente dando algo a cambio, ¿por qué nunca lo demostró con hechos?
Sobre el “show” montado por Javier Corral en el Congreso de la Unión en contra de Carlos Salinas de Gortari (lo hubiera hecho cuando Salinas de Gortari era aún Presidente de México en vez de andarlo aplaudiendo y alabando a viva voz como lo estuvo haciendo), un conocido analista escribió lo siguiente en un trabajo publicado en varios medios:
La colita de Corral
Raymundo Riva Palacio
2 de octubre del 2009
Los refranes populares son sabios porque emanan de la experiencia sufrida. Algunos son tan usados que se han convertido en lugares comunes. Pero no hay ninguno que se ajuste más y mejor al diputado panista Javier Corral, émulo tropical de Danton, que ese que reza: “lengua larga, cola corta”.
Setenta y dos horas después, el propio Salinas lo remató, expresando extrañeza de que lo atacara Corral, quien lo había buscado para pedirle “favores” aún después de ser Presidente.
El combativo Corral se puso, entonces, a combatir a Salinas. Llamó a los medios para refutar lo dicho por el ex presidente, y realizó un blitz radiofónico para apoyar sus aseveraciones. Dijo que era falso lo que decía Salinas, y que nunca le había pedido favores. Admitió que sí lo había visto, por intermediación de amigos comunes y, en otra ocasión en La Habana, donde, en su propias palabras, el comandante Fidel Castro le pidió que hablara con Salinas, porque el ex presidente se lo había solicitado. Los cubanos están entre los primeros sorprendidos de tales revelaciones.
Corral sí fue a La Habana, como dice, en una delegación parlamentaria. Castro no lo buscó. Fue al revés. Cuando Corral lo vió, narran aquél momento, se abalanzó sobre de él para abrazarlo. Lo abrumó y “no lo soltaba de la mano”, lo cual para la cultura cubana, resultó bastante incómodo. Los cubanos nunca se aprendieron su nombre, pero lo identificaban como “el de la manita”. En esos días pidió la intermediación del comandante para ver a Salinas, quien se encontraba en una de las casas de protocolo del gobierno cubano.
En la reunión sí le pidió un favor explícito, cuentan quienes conocen los detalles del encuentro. Le pidió a Salinas que mediara con Televisa –sabedor que tenía la relación directa con el presidente de la empresa, Emilio Azcárraga y con su operador político, el vicepresidente de la compañía, Bernardo Gómez–, para que “entendieran” que su discurso beligerante contra Televisa, “era así”, que no podía cambiarlo, pero que no pasaría a mayores. Y no sólo eso. El mensaje que quería les fuera transmitido llevaba la petición expresa para que lo ayudaran a ser gobernador en Chihuahua. No entendía que él, “garantía de gobierno”, no tuviera la promoción que daba Televisa al entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, de quien les dijo en aquella reunión que “sí era un peligro para ellos”.
No se sabe si Salinas se encargó de la mediación. Sin embargo, el tratamiento que se le ha dado a Corral en los medios no ha sido similar al que, por ejemplo, se ha hecho en contra de otro panista, el senador Santiago Creel, a quien le han decretado la muerte política de las pantallas por mantener una posición en contra de las televisoras similar a la de Corral. En esa misma línea de pensamiento, Corral acaba de asumir la presidencia de la Comisión de Gobernación del Congreso, por cuyas oficinas debería pasar una eventual ley de radio y televisión.
Lo que sí se sabe de aquella entrevista es que no hubo dinero de por medio, como Corral ha reiterado en su defensa mediática contra Salinas esta semana. Sí hubo, en cambio, insinuaciones. Corral le dijo varias veces a Salinas en La Habana, según la reconstrucción de aquella cita, que “no tenía dinero” y que “necesitaba mucho dinero para la campaña”. Pero se infiere que como no hubo una petición expresa, tampoco hubo una respuesta concreta. La gubernatura de Chihuahua traía vuelto loco a Corral, y en cuando menos una ocasión más, en la ciudad de México, lo vio para pedirle que lo ayudara en eliminar una serie de obstáculos con priístas en su estado, para poder caminar hacia la candidatura. Tampoco se sabe qué hizo Salinas, pero Corral fue candidato a la gubernatura.
Seguro, porque ha sido un referente en su carrera política, sigue buscando el cargo. Pero ahora va a tener más problemas. Dentro del PAN está empezando a causar pena ajena por la vergonzosa situación en la que él mismo se metió, debilitándolo como orador y reduciéndole capacidad de acción.
Los priístas en el Congreso piensan en él y se ríen con sólo recordar la manera como Paredes jugueteó con él. Para sus amigos en los medios y el PRD que odian a Salinas, este episodio reduce fuerzas a su defensa. La terquedad de Corral y su ceguera –como el no haber visto la trampa de Paredes– difícilmente lo harán recortar sus pérdidas y dar un paso hacia atrás.
Seguro, Corral irá para adelante, aunque en realidad camine para atrás.
Si lo que quería hacer Javier Corral era acusar a Carlos Salinas de Gortari de sus presuntos nexos con el narcotráfico, tuvo ya demasiadas oportunidades doradas y demasiado tiempo para ello, oportunidades y tiempo que dejó pasar por alto guardando el más absoluto silencio. Cuando debió de haber hablado calló, y hoy que lo hace sus acusaciones suenan tan huecas como su hueco y convenenciero discurso de siempre.
Aunque en su malograda búsqueda por la gubernatura de Chihuahua, Javier Corral no vaciló un solo momento en aliarse con y en pedirle ayuda a los grupos de la extrema derecha de Chihuahua (además de sobornar a la misma izquierda, al PRD, de forjar una alizanza con él para llevarlo al poder), no ha tomado membresía y juramento de secrecía en alguna de las organizaciones clandestinas de ultraderecha como la
Organización Nacional del Yunque, aunque eso difícilmente se le podría adjudicar como mérito suyo por el simple hecho de que se tendría que estar loco para invitar a un tipo tan voluble y tan falso como Javier Corral a formar parte de un movimiento subterráneo cuya verdadera finalidad es el establecimiento de un gobierno paralelo secreto a través de un gobierno afín a los propósitos de los cerebros de la ultraderecha mexicana. Simple y sencillamente, no es un tipo confiable
para nadie.
El haber doblado la cerviz ante Felipe Calderón manifestando públicamente su apoyo incondicional a la pesada carga tributaria planeada por Felipe Calderón en contra del pueblo de México para el 2010, así como el estarse luciendo públicamente con sus pleitos sensacionalistas en contra de Carlos Salinas de Gortari, le redituaron a Javier Corral los dividendos políticos que esperaba: el 29 de septiembre del 2009 le dieron a este camaleón que no representa a nadie más que a sí mismo la presidencia de la Comisión de Gobernación en la Cámara de Diputados.
Regresemos a la pregunta original.
Entre las declaraciones y acusaciones mutuas que se han estado haciendo Carlos Salinas de Gortari y Javier Corral Jurado, ¿cuál de los dos está mintiendo? ¿A cuál de los dos habremos de creerle?
Vistos los antecedentes de ambos, lo más probable es que a ninguno de los dos.